Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo

DECLARACIÓN COMÚN

Quiénes Somos y en Quién Creemos

Somos católicos y evangélicos que hemos experimentado a Cristo Resucitado, quien mediante su Espíritu Santo, que es Gracia, ha renovado espiritualmente nuestras vidas, tal como Jesús prometió a sus discípulos, antes de ascender al cielo.

Con gratitud y alegría damos testimonio porque no podemos callar lo que hemos visto y oído. Esta experiencia ha revitalizado nuestra fe, brindándonos una relación mucho más cercana con Dios, al que  sentimos como nuestro Padre. El Espíritu Santo nos ha llenado de admiración y de un nuevo entusiasmo que hace surgir desde nuestro corazón canciones de alabanza y adoración al Señor, tanto en nuestras reuniones como en nuestro diario vivir. Nuestras oraciones se han vuelto más espontáneas y sencillas, como hablar con un “papá” que nos ama y se goza que estemos con él.

Evangélicos y católicos unánimes creemos en Jesús  Hijo de Dios. Él, sin dejar de ser Dios, se hizo hombre al nacer de la virgen María por obra y gracia del Espíritu Santo. Es el único Salvador de todos los hombres: Murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación. Venció a la muerte: por lo tanto, al pecado, la enfermedad, los demonios y a toda clase de injusticias. Hoy está resucitado y vivo, a la diestra del Padre; tiene todo poder y autoridad en el cielo y en la tierra, porque el Padre lo exaltó y le dio un nombre que está sobre todo nombre o realidad creada: ¡JESUCRISTO ES EL SEÑOR! Esta es nuestra fe.

Dicha renovación espiritual nos ha llevado a un nuevo compromiso personal con Jesucristo. Nuestra fe no es un mero asentimiento intelectual a ciertas doctrinas cristianas sino una vivencia continua con Cristo Vivo, nuestro Señor, nuestra vida, nuestra meta. Esta gracia, vibra dentro de nosotros y da sentido trascendente a nuestra existencia. Hoy tenemos ganas de vivir. Queremos manifestarles a todos que Dios es real, y no hay nada más hermoso que hacer su voluntad en todas las áreas de nuestra vida.

Disfrutamos  la lectura de la Biblia, la Palabra de Dios, y al hacerlo sentimos que Dios nos habla. El Espíritu Santo nos ayuda cada día a entenderla mejor. Lo más hermoso del Evangelio no es leerlo, o predicarlo, sino practicarlo, pero hemos descubierto que resulta imposible vivir el Evangelio con nuestras propias fuerzas; sólo es posible con la gracia divina.

El Espíritu Santo abrió nuestros ojos espirituales, y comprendimos cosas muy simples pero grandiosas. Cosas muy conocidas y a la vez ignoradas. Comprendimos que la Iglesia es más que un edificio material donde se rinde culto a Dios; la Iglesia es la gente, es el pueblo de Dios, la familia de Dios. Todos los que somos hijos de Dios, somos, por lo tanto, hermanos. Cristo fundó una sola Iglesia, y quiere que su Iglesia manifieste en el mundo la unidad y la santidad que caracterizan a Dios. Por eso, oró al Padre: “Que sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17,22).

Confesamos y pedimos Perdón

Reconocemos con dolor los desencuentros y divisiones que se han producido en la Iglesia. No nos sentimos calificados para juzgar la historia o las razones de tales divisiones. Dios es el único Juez. Hoy, evangélicos y católicos, renovados por el Espíritu Santo, nos arrepentimos de nuestras divisiones y de nuestras mutuas ofensas y nos pedimos perdón. Confesamos nuestras actitudes sectarias, sean propias o heredadas. Reconocemos que al ver errores, fallas  o pecados en quienes están del otro lado, en vez de  interceder a Dios los unos por los otros, nos hemos despreciado, juzgado, criticado, calumniado, ofendido, acusado, injuriado y hasta perseguido. Reconocemos que nuestro pecado ha sido no amarnos los unos a los otros como Cristo nos amó.

Por ello pedimos perdón a Dios y a nuestros hermanos, en el nombre de Jesús. “Señor, ¡cuánto dolor causamos a tu corazón con nuestras divisiones! Hemos sido un obstáculo para que millones de personas conozcan a tu Hijo y sean salvos por él. Pedimos perdón a los habitantes de nuestra ciudad, de nuestro país y del mundo. Perdónanos, Señor, y lávanos por la sangre de tu Hijo Jesús. Amén”. 

Nuestra Esperanza 

Junto con nuestra confesión y arrepentimiento, proclamamos que en nuestra generación Dios, por su gran misericordia, está produciendo una bisagra histórica para revertir la división entre los cristianos. Este encuentro es una de las tantas pruebas de ello. Hubiera sido impensable un encuentro de estas características en nuestro país hace treinta años.

Este encuentro no es un hecho aislado. En muchos países se están produciendo experiencias similares y seguirán sucediendo cada vez en mayor medida en todas las naciones del mundo. Está escrito, es palabra de Dios, e inexorablemente se cumplirá: “Sucederá en los últimos días dice Dios: DERRAMARÉ MI ESPÍRITU SOBRE TODA CARNE...” (Hechos 2,17).

Por medio de esa efusión mundial del Espíritu Santo, la Iglesia -pueblo de Dios- alcanzará su pleno vigor espiritual y su santidad, y recuperará la unidad a la que fue llamada.

El Padre responderá plenamente la oración de su Hijo: “Que todos sean uno para que el mundo crea que tú me has enviado” (Juan 17.21). Seremos uno. Por la acción del Espíritu Santo progresaremos gradualmente desde la unidad del Espíritu, en la que estamos actualmente, hasta la unidad de la fe, y hasta llegar a ser un solo Cuerpo. ¡Seremos uno, y el mundo creerá!

¿Quién lo hará?  Tenemos la respuesta: ¡EL ESPÍRITU SANTO!

¿Cuándo alcanzaremos la plenitud de esa unidad? No lo sabemos. Una cosa sí sabemos: El Señor ha comenzado a hacerlo, y lo completará.

Nuestro Compromiso y Propuesta

Al saber que todos somos tan amados por Dios, descubrimos nuestra mezquindad, nuestro egoísmo, nuestro individualismo. Él está produciendo en nosotros un nuevo compromiso con nuestro prójimo. Estamos aprendiendo no sólo a estar más unidos entre nosotros sino también a ser generosos y solidarios con nuestros semejantes. Nuestra lucha no es contra ninguna persona sino a favor de todos. Queremos ser una nación en la que el fundamento de la convivencia social sea el amor al prójimo. Estamos comprometidos con el verdadero cambio;   que será posible únicamente si permitimos que Dios llene nuestros corazones, con su amor sin límites. 

Queremos esforzarnos junto con todos los hombres de buena voluntad para ser una sociedad en la que no haya excluidos, porque “Dios no hace acepción de personas”; una sociedad en la cual  a cada hombre y mujer le sea reconocida su dignidad, hecha a imagen y semejanza de Dios; en la que cada ser concebido tenga derecho a nacer, crecer y desarrollarse con igualdad de posibilidades; en la que cuidemos la casa común que Dios nos ha dado, este planeta tan lleno de recursos naturales, para el beneficio de  todos y no de unos pocos; en la que las riquezas sean distribuidas con equidad entre los que las producen; en la que tengamos gobernantes honestos y capaces, que usan sus cargos como puestos de servicio; en la que haya leyes justas que protejan a los más débiles.

Estamos empeñados a favor de la identidad sexual que el Creador ha dado a cada ser humano; a favor de la unidad del matrimonio y de la familia; a favor del derecho de los padres para educar a sus hijos, incluyendo el aspecto de la sexualidad; a favor de una televisión que eduque, informe y entretenga sanamente y no una televisión que está minando los valores y las sanas costumbres de nuestra sociedad.

Católicos y evangélicos estamos  convencidos de que la encarnación de Jesucristo en la historia y la Buena Noticia que predicó con su vida, muerte y resurrección son el camino para una vida más humana y fraterna, el camino para construir una sociedad más justa, santa y solidaria.  

La propuesta de Jesús es simple, profunda y sumamente práctica:  “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Éste es nuestro mensaje y nuestra propuesta  para todos los habitantes de nuestra patria y del mundo.

 

Buenos Aires, 2 de julio de 2005

 

C.R.E.C.E.S. – CONSEJO EJECUTIVO

Jorge Himitian – Pastor de Comunidad Cristiana

Pbro. Fernando Giannetti – Responsable Comisión Arquidiocesana de Ecumenismo – Buenos Aires

Julia Torres – Coordinadora de la Comunidad de Jesús en Argentina

Norberto Saracco – Pastor de la Iglesia Buenas Nuevas

Elba Somoza – Iglesia Buenas Nuevas

Carlos Mraida – Pastor de la Iglesia del Centro

P. Alberto Ibáñez s.j. Fundador de la Comunidad de Convivencias con Dios

Abel Bulotta –Responsable de la Comunidad de Jesús – San Justo – Buenos Aires

Hector Petrecca – Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica

Pino Scafuro – Coordinador de la Renovación Carismática Católica Región Buenos Aires

Raúl Trombetta –Renovación Carismática Católica

Angel Negro – Pastor de Comunidad Cristiana – Zona Norte

ADHIEREN

Matteo Calisi – Presidente de la Comunidad de Jesús y de la Fraternidad Católica de

                                Comunidades Carismáticas de Alianza

P. Carlo Colonna s.j. – Consejero Espiritual de la Comunidad de Jesús, Italia